En mis Formaciones de Gong, siempre recalco que el sonido no solo relaja, sino que actúa como un puente hacia lo profundo del ser. Durante un reciente curso de Terapia de Sonido en México, tuvimos el privilegio de acompañar a Gabriela Pérez Parra en una experiencia que desafió los límites de su percepción.
A nuestros alumnos le enseñamos sobre la vibración sagrada como permite silenciar la mente lógica para abrir paso a una expansión de conciencia real. Os comparto su testimonio íntegro: una crónica valiente y honesta sobre el miedo, la liberación y el reencuentro con la vida.
Momento 1: Comencé mirando al vacío concentrándome en la respiración, al cerrar los ojos y tras los primeros toques de gong vi la imagen de la muerte, en una posición similar a la Gioconda, como si la mirara en espejo y sobre mi campo visual derecho, algo así (imagen), solo que el velo negro le cubría media frente como una monja, por un segundo tuve miedo y me pregunte ¿Por qué vi a la muerte?
Momento 2: libere lágrimas, recordé las palabras de Prem diciendo que dejara expresar al cuerpo lo que sentía y fluí, solté cualquier resistencia, podía sentir mi parpadeo constante sin poder abrir los ojos.
Momento 3: El calor aumento mucho, comencé a sudar, la energía ascendió y mi cabeza cayo hacia atrás como si hubiera desmayado, sentí silencio, la energía continuaba ascendiendo en forma de ondas, tal cual como avanza una serpiente, siguiendo el mismo trayecto y al pasar por mi pecho lo elevaba (esto me recordó a las respiraciones profundas que observe en el momento justo que mi madre moría) es como si mi energía estuviera descargándose hacia arriba, pero parte de esa energía regresaba a la base creando un circuito, mis ojos parpadeaban constantemente.
Momento 4: Se abre mi corona y aparece un túnel ascendente sobre mi cabeza, sentí una voz que me decía “ahora puedes salir de tu cuerpo”, el túnel era oscuro con tonos violeta y rojos, me hice consciente de lo que sentía y era una sensación gozosa y descanso, me dije “creo que he muerto” sentía una fuerte atracción por mirar arriba, eleve mi cara y al mirar había un ovalo lleno de luz en tonos violeta que parpadeaba constantemente y aunque los tonos de luz no eran colores claros, mis ojos los percibían brillantes como cuando te refleja la luz del sol, podría decir que esa energía te seducía a subir, me impulse pero no pude salir, algo me sostenía y me di cuenta que estaba muy arraigada a la vida.
Momento 5: Comencé a ser consciente de mi cuerpo al mismo tiempo que agachaba mi mirada y dije “estoy aquí”.
Gabriela Pérez Parra
